Estados de Consciencia, Obesidad y la Primera Ley de la Termodinámica

food pyramidPor Richi Gil

En este artículo voy a argumentar que, cuando creemos sin cuestionar las historias que otros nos cuentan, nos quitamos poder. De la misma manera nos des-empoderamos cuando nos creemos nuestras propias historias. Las hacemos “verdades dogmáticas” en lugar de “supuestos cuestionables”. Argumentaré que cuestionar tanto las historias de otros como las nuestras llegando a conclusiones fundadas, informadas e independientes, nos hará más poderosos.

Y tengo la teoría de que ello creará un contexto más rico para tu vida, ayudándote a vivir de una manera más plena, más feliz.

Y por supuesto ésta es una historia. Por lo tanto te pido que por favor no creas nada de lo que digo aquí. Cuestiona cada una de mis ideas. No las aceptes como obvias. Cada afirmación que hago se basa en mis propias conclusiones producto de mis propias investigaciones. Y podría estar absoluta y completamente equivocado. De manera que aquí vamos.

“Una caloría es una caloría, si la comes y no la quemas, engordas”.

Para un ingeniero de formación como yo, esto me remite a la Primera Ley de la Termodinámica, que dice “la energía total de un sistema aislado se mantiene constante; la energía no puede ser creada o destruida, solo puede ser transformada”. Las implicancias de ese principio son enormes. Por ejemplo, para alguien que está luchando contra su peso físico y quiere reducirlo, se reduce a algo como “comer menos y ejercitar más”. Cuando fracasas en tu intento, como el 90% de las personas que comienzan una dieta, las razones que escuchas de tu médico o tu nutricionista es que o bien no redujiste las calorías lo suficiente o no hiciste ejercicio suficiente.

En otras palabras, te culpan de glotón y de perezoso.

La historia es muy conveniente, pues tiene mucho sentido lógico. A la vez tiene un pequeño problema: No es cierta.

Tal vez has notado que a medida que comienzas a hacer más ejercicio, tu apetito crece. Se trata de tu cuerpo, respondiendo a una pérdida de equilibrio energético, reemplazando las calorías perdidas. Por ese motivo hacer una dieta hipo-calórica no es sostenible, como pueden atestiguar incontables “seguidores de dietas”; tu cuerpo reacciona entrando en “modo de supervivencia”, combatiendo el hambre. Cuanto más ejercicio haces, más hambre tienes; pelear contra el hambre es una batalla imposible de ganar en el mediano y largo plazo.

Ganar peso (o perderlo) no es un proceso físico, como sugiere la historia de “calorías comidas-calorías consumidas”, sino que es un proceso hormonal. Cuando comemos, el páncreas segrega insulina. Cuando comemos carbohidratos, el páncreas segrega MUCHA insulina. La función de dicha hormona es quitar la glucosa del torrente sanguíneo y almacenarla, como grasa, en nuestras células; y asegurarse de que allí quede y no salga. Durante milenios los seres humanos atravesaron alternativamente períodos de abundancia seguidos de períodos de hambruna. Almacenar grasa era la manera que usaba el cuerpo humano para prepararse para sobrevivir la hambruna. El problema es que, mientras nuestra constitución genética no ha cambiado mucho, nuestra dieta y la oferta de comida sí lo han hecho. Hoy tenemos una sobre-oferta de comida y comidas procesadas (que son fundamentalmente diferentes formas de carbohidratos) cada día del año. Un problema adicional de la insulina es que anula otra hormona llamada leptina, también conocida como la “hormona de la saciedad”. La leptina es la hormona que manda la señal al cerebro de que “hemos comido lo suficiente y podemos detenernos”. Su ausencia hace que comamos cada día cientos de calorías extra. Y sólo por suprimir la leptina con altos niveles de insulina.

¿Qué genera que se dispare la insulina en el torrente sanguíneo? La respuesta es los carbohidratos que ingerimos, no las grasas.

No soy médico, pero me interesé en la materia. He practicado deporte por años, y comencé a notar un lento pero constante aumento de peso, a pesar de mi gasto calórico diario, y a pesar de mi dieta aparentemente saludable, alta en carbohidratos y reducida en grasas. Estaba cada día un poco más en forma y un poco más gordo. En mis investigaciones descubrí que la ciencia de la nutrición es conocida desde hace años, es contundente y sólida. Sin embargo, en 1992 el USDA (Departamento de Agricultura de los Estados Unidos) emitió lo que se conoció como la Pirámide Alimentaria, que sugería qué tenían que comer y no comer los habitantes. Las grasas se volvieron las villanas de la película, las culpables de que la población se estuviera volviendo más gorda y más enferma.

La solución propuesta fue reducir el consumo de grasas e incrementar la ingesta de carbohidratos.

La historia era más o menos así: Para perder las grasas que hemos almacenado en nuestros cuerpos tenemos que, lógicamente, comer menos grasas. La recomendación concreta fue reducir la ingesta de grasas saturadas del 40% al 30%, aumentando a su vez la ingesta de carbohidratos, preferentemente en la forma de granos integrales. Prometieron que eso resolvería el creciente problema de obesidad en América. Adivinen que pasó. Las personas hicieron exactamente lo que les pidieron, reduciendo el contenido de grasas saturadas en sus dietas al 30%. Al mismo tiempo el porcentaje de obesidad en los Estados Unidos creció a niveles nunca antes vistos en ese país. Hoy, 2 de cada 3 norteamericanos tiene sobrepeso y 1 de cada 3 es obeso.

La comunidad médica, el gobierno, los científicos y los laboratorios médicos nos recomendaban qué comer para reducir nuestras cinturas y estar más sanos, mientras los efectos iban exactamente en la dirección opuesta.

Otra historia muy bien articulada que nos contaron. Muy consistente, con sólo un pequeño detalle… ¡No funcionaba!

He estado siguiendo una dieta alta en grasas y baja en carbohidratos (HFLC en inglés) por cuatro años. Mi pirámide nutricional es la pirámide que recomienda el USDA exactamente invertida. Literalmente, como todo lo que está prohibido por el USDA y no como absolutamente nada de lo que recomiendan en la base de la pirámide (granos, harinas, etc.).

Los efectos para mí han sido fabulosos. Mi presión arterial bajó de 130/90 a 110/70, tengo más resistencia y vitalidad; puedo mantener la atención durante horas. Mi cuerpo se ha keto-adaptado (aprendió a quemar grasas como combustible en lugar de azúcares); puedo andar en bicicleta por horas, correr o hacer ejercicio sin cansarme. Mis urticarias han desaparecido. Mi peso es el que tenía cuando tenía veinte años.  Tengo hijos que tienen esa edad, y las personas nos dicen que nuestros cuerpos son semejantes. Quizás se estén preguntando “¿qué tienen que ver los “Estados de Consciencia” con todo esto?” Permítanme intentar una explicación.

Cuando pasamos al área de los negocios, subsisten patrones similares de creer historias sin cuestionar. Historias que pueden crear desastres en individuos, equipos y organizaciones. Dos profesores de la Escuela de Negocios de Harvard, Bob Kegan y Lisa Lahey, han estudiado profundamente el proceso por el cual las personas hacen sentido del mundo, a medida que crecen, maduran y se vuelven más complejos. Ellos hablan de tres estadios de complejidad mental. La mente socializada, la mente de auto-autoría y la mente de auto-transformación (en inglés socialized mind, self-authoring mind y self-transforming mind).

Al operar desde un nivel de mente socializada, le doy mucho énfasis e importancia a los valores declarados y a las opiniones de aquellos que veo como “la autoridad” en un cierto campo. Esto explica que ocurre con las opiniones “expertas” de los médicos y otros especialistas en salud y nutrición.

Similarmente, cuando trabajo con un equipo de liderazgo senior, me encuentro con situaciones donde comportamientos en silos, de competencia en lugar de colaboración sub-optimizan el rendimiento en el mejor de los casos y crean caos en el peor. Cuando investigas las razones de esto, muchas veces te encuentras con que los miembros del equipo están operando desde la perspectiva de lo que creen que el líder espera de ellos.

Al operar desde el nivel de mente de auto-autoría, tengo incorporados un conjunto de valores y principios acerca de lo que está bien y mal, de lo que es verdadero o falso, y eso forma parte de quien soy. Mis estrategias y mis comportamientos están diseñados para promover esta agenda interna. Tengo una dirección interna. El problema aparece cuando esas historias que me cuento, ahora propias, se vuelven dogma, por lo tanto no sujetas a revisión alguna. Quiero clarificar que éste es un proceso completamente inconsciente. No “guardamos” esas historias a sabiendas, sino que se vuelven parte de quiénes somos, no las cuestionamos nunca jamás (son nuestras historias y deben ser ciertas, ¿cierto?) y condicionan la manera que podemos operar y actuar en el mundo.

Kegan y Lahey desarrollaron una tecnología humana muy efectiva llamada Proceso de Inmunidad al Cambio (ITC por su abreviatura en inglés), que nos ayuda a comprender los “compromisos en competencia” que nos impiden lograr los cambios que queremos y a la vez nos resultan elusivos en nuestras vidas. Por ejemplo, comer más sano, ejercitar más, reducir nuestro peso corporal, dejar de fumar; ya sabe a que me refiero.

Poniendo luz sobre los compromisos en competencia, crearon un proceso que permite iluminar el sistema con la luz de la consciencia; y ofrecen una serie de herramientas y procesos para practicar, gentil y compasivamente. A medida que lo haces, las historias que te tienen se convierten en las historias que tú tienes; lentamente comienzan a perder la fuerza con la que te tienen sometido, y puedes liberar capacidades que antes estaban completamente fuera de tu alcance. Y luego el cambio ocurre, naturalmente.

Cuando miras este proceso, el mecanismo es exactamente igual al que menciono al comienzo de este artículo. Has cuestionado las historias; las has iluminado con la luz de la consciencia. Haz tu investigación, llega a tus propias conclusiones independientes. Éstas muchas veces desafiarán lo que dicen las historias que escuchaste una y otra vez.

Simple y nada fácil. Creo que tenemos por delante una maravillosa oportunidad. Para vivir vidas más saludables, más felices, más conscientes.

Bibliografía

  1. Wheat Belly, Dr. William Davis MD. (http://www.wheatbellyblog.com)
  2. The art and Science of Low Carbohydrate living , Jeff Volek PhD D.Pinney, MD, PhD (http://www.artandscienceoflowcarb.com)
  3. Good Calories, Bad Calories, Gary Taubes (http://garytaubes.com/works/books/good-calories-bad-calories)
  4. Why we get Fat, and what to do about it, Gary Taubes, science writer
  5. The Low Carb Revolution, John McLean
  6. Immunity to Change, Bob Kegan PhD, and Lisa Lahey PhD

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Sobre el autor

Richi Gil es Managing Director y Chief Culture Officer de Axialent, Un ejecutivo experimentado con más de 20 años en corporaciones globales y con una extensa práctica en el desarrollo del liderazgo y la efectividad organizacional. Más>

2 Responses to Estados de Consciencia, Obesidad y la Primera Ley de la Termodinámica

  1. Gabriela says:

    Absolutely enlightening!

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